Un día como hoy, 28 Noviembre 1893 las mujeres votan por primera vez en la historia en unas elecciones nacionales. Gracias al movimiento liderado por Kate Sheppard, las mujeres de Nueva Zelanda pudieron votar, aunque no podían ser elegidas, el derecho de ser elegibles para el cargo de diputadas, no les fue reconocido hasta 1919, siendo la primera mujer en lograrlo Elizabeth McCombs, en 1933.

Tras Nueva Zelanda fue Australia la que continuó con esta tendencia en 1902, en Europa empezó por Finlandia en 1906 y en Sudamérica fue Uruguay en 1927.

Aunque realmente el primer derecho al voto de la mujer de la historia (sufragio femenino) se autorizó “accidentalmente” en Nueva Jersey en 1776, pero no era una ley que permitía a las mujeres votar, se usó la palabra «personas» en vez de «hombres», pero se abolió en 1807. En Estados Unidos no se permitió el sufragio femenino total hasta 1965.

En España el sufragio femenino en igualdad de condiciones que los hombres llegó con la Segunda República, aprobándose este derecho en las Cortes españolas el 1 de octubre de 1931. La primera vez que ejercieron dicho derecho fue en el Referéndum autonómico del 5 de noviembre de 1933 en Éibar, en el resto de España lo hicieron en las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933.

Previamente, en 1924 bajo el mandato de Primo de Rivera, se autorizó un “voto femenino con restricciones”, en el que solo podía votar en elecciones municipales aquellas mujeres mayores de 23 años que estuvieran “emancipadas”. Quedaban excluidas al derecho al voto las mujeres “casadas” y las “prostitutas”.

Aunque el voto femenino no llegó hasta 1933, las mujeres ya podían ser elegibles desde 1931, siendo solo tres mujeres las que lo consiguieron, Margarita Nelken, Clara Campoamor y Victoria Kent.

De hecho fue Clara Campoamor una de las principales valedoras de la concesión del derecho al voto de las mujeres, frente a ponentes como el catedrático de patología Roberto Novoa Santos que siguiendo argumentos biológicos como que a la mujer no la domina la reflexión y el espíritu crítico sino la emoción, sostenía que el histerismo es consustancial a la psicología femenina y por lo tanto conceder el voto a la mujer supondría en esa España conservadora y teocrática, el triunfo de la derecha, por lo tanto pedía que no se le concediese el derecho al voto, sino solo permitirlas presentarse como candidatas.

En la misma línea se expreso Victoria Kent que pidió que se aplazase la concesión del voto a las mujeres, porque en su opinión la mujer española carecía en aquel momento de la suficiente preparación social y política como para votar responsablemente, por lo que, por influencia de la Iglesia, su voto sería conservador, lo que perjudicaría a los partidos de izquierdas.

Pero la réplica de Clara Campoamor que expuso: “No cometáis un error histórico al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven... la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos, es caminar dentro de ella”, decanto la balanza hacia los defensores de la concesión del derecho al voto a las mujeres. La propuesta quedó aprobada por 161 votos contra 121. Recogiéndose en el Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.

Todos estos logros fueron posibles gracias a los movimientos sufragistas, que lucharon por la igualdad de los derechos políticos de las mujeres. Consideraban que la lucha por el voto les daría acceso a los parlamentos y así  podrían realizar reformas sociales, económicas y políticas a través de cambios en las leyes e instituciones.

El movimiento sufragista aunque con los mismos objetivos no actuaba de la misma manera, algunas como las británicas eran más activas y combativas protagonizaron infinidad de acciones con gran repercusión mediática: protestas, manifestaciones y huelgas de hambre, siendo pioneras en unos métodos de lucha que, posteriormente, adoptarían otros colectivos. Algunas sufragistas destacadas en el movimiento británico fueron Emily Davison, Carmen Karr y Emmeline Pankhurst entre otras. En otros países se actuaba desde las instituciones, impulsando leyes para conseguir el objetivo, así podemos destacar a Alicia Moreau de Justo y Eva Duarte de Perón en Argentina a Elvia Carrillo Puerto en México o en el caso de España a Clara Campoamor.

Otras sufragistas destacadas en otros lugares del mundo fueron las estadounidenses Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony o la ya mencionada anteriormente Kate Sheppard, una de las pioneras en el movimiento femenino.

SSP Estética Centro de Estética de las Tablas.

Publicado: 28 de Noviembre de 2017