Publicado: 30 de Noviembre de 2017

Un día como hoy 30 de noviembre de 1874, nace Winston Leonard Spencer Churchill,  político y estadista británico, conocido por su liderazgo del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.

Es el único primer ministro británico galardonado con el Premio Nobel de Literatura, por “su maestría en la descripción histórica y biográfica”, y fue la segunda persona en obtener la ciudadanía honoraria de Estados Unidos, solo precedido por el marqués de La Fayette.

Nació en el seno de la familia aristocrática de los duques de Marlborough. Su padre era lord Randolph Churchill, político carismático y ministro de Hacienda del Reino Unido y su madre una joven norteamericana de deslumbrante belleza llamada Jennie Jerome.

Mal estudiante en su juventud, frecuentemente era castigado y sus notas se contaban siempre entre las peores, ingreso en la Academia Militar de Sandhurst, esta institución operó en él un cambio radical. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel.

Estuvo, en la guerra de Cuba, combatió en la India y el Sudán. No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política Al no obtener el acta de diputado Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers. Allí fue hecho prisionero, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular.

Ya en el Parlamento su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara. No es de extrañar que cambiara varias veces de partido. En desacuerdo con el partido respecto a la cuestión sudafricana, Churchill se pasó a los liberales en 1904.

Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Churchill ya reconciliado con los conservadores, 1924, fue relegado a un papel secundario, debido a su obstinado conservadurismo en un contexto de dificultad económica y descontento social, que le granjeó enemistades hasta dentro de su propio partido.

Recobró protagonismo cuando, al observar la creciente amenaza que constituía Adolf Hitler, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente.

El 10 de mayo de 1940, tras la dimisión de Neville Chamberlain se convirtió en primer ministro. Dos días después pronuncia su primer discurso, una conmovedora arenga a sus conciudadanos en la que proclamaba que jamás aceptaría la derrota y en la que incluyo la frase, «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular que ayudó a inspirar la resistencia británica.

Como primer ministro, le correspondió participar en las cruciales conferencias de Casablanca , El Cairo , Teherán , Yalta  y Potsdam, en las que se diseñó la estrategia de la guerra y, una vez acabado el conflicto, el mapa político mundial.

Churchill, sin duda un político de primera magnitud, también tuvo sus sombras, era considerado un político falto de escrúpulos cuando andaba por medio alguna razón de Estado que lo justificara, durante la Segunda Guerra Mundial se le hace responsable por acción o por omisión de la hambruna en Bengala de 1943, que ocasionó la muerte innecesaria de 2,5 millones de bengalíes, del respaldó al bombardeo de Dresde, poco antes de finalizar la guerra, a pesar que la ciudad no tenía ningún valor estratégico militar y las víctimas principalmente fueron civiles y también prisioneros de guerra aliados, de provocar la hambruna entre la población alemana como objetivo para obligarles a capitular, de entre los niños que pasaron hambre entonces, surgirían muchos futuros dirigentes nazis.

Dentro su país, le hicieron muy impopular entre la clase obrera británica, su no disimulada simpatía por Franco y el posterior reconocimiento de la dictadura.

Pese a todo el pueblo vio en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza; por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965, el mismo día en que había fallecido su padre 70 años antes. La reina Isabel II le concedió el honor de un funeral de estado.

Este genio polifacético que destacó como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra, bebedor de coñac y fumador de puros, sirvió bajo cuatro soberanos y llegó a convertirse en uno de los políticos que más huella han dejado, por su capacidad de liderazgo en el que sería a buen seguro el momento más crítico en la historia de su nación.

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