El 27 de agosto de 1883 tiene lugar en la Isla de Krakatoa una explosión cataclísmica, que destruyó gran parte de la misma. Tras la explosión, sólo un tercio de la isla permaneció en su lugar. El resto había sido lanzado a la atmósfera y al mar.

Esta isla localizada en el estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra formada alrededor de sus tres conos volcánicos del tipo estratovolcán. Este tipo de volcán contiene un magma viscoso que tiene la propiedad de enfriarse con facilidad endureciéndose a escasa distancia. Lo que pocos podían imaginar es que en el interior de aquella isla, esta propiedad era la que estaba haciendo que un poco más abajo de la boca volcánica se estuviera formando un gran tapón solidificado que impedía la salida natural a la lava y que poco a poco se iba acumulando, era cuestión de tiempo que la presión hiciera saltar por los aires aquel tapón.

El 26 de agosto el Krakatoa erupcionó por los tres conos volcánicos al mismo tiempo, el espectáculo fue impresionante, con una nube de cenizas que alcanzó los 27 kilómetros de altura. Las explosiones se sucedían una tras otra mientras un primer tsunami, no demasiado grande llegaba a Sumatra.

34 horas después se produjo la gran explosión, fue tan salvajemente violenta que alcanzó los 180 decibelios y se llegó a escuchar hasta a 3.500 kilómetros de distancia, en Australia y en las Islas Mauricio. La energía que liberó fue equivalente a la producida por el estallido conjunto de 7000 bombas como la de Hiroshima.

Con aquella gran explosión, la isla Krakatoa prácticamente desapareció del mapa, pero la misma trajo gravísimas consecuencias en sus alrededores. Por un lado una impresionante corriente de flujos piroclásticos similar a la que arrasó Pompeya siglos atrás, se deslizó por todo el estrecho de Sonda avanzando a una velocidad de 200 Km /h, hasta las costas de Sumatra, tras desplazarse por encima del agua sobre un «cojín» de vapor sobrecalentado a 400º C . La población costera de Keltimbang fue arrasada por ella, y más de dos mil personas murieron al instante, carbonizados, solamente en aquel municipio. Hacia el otro lado, hacia Java, un no menos impresionante tsunami arrasó las costas javeñas, muriendo más de 34.000 personas por la inmensa ola. En total, las cifras oficiales de víctimas por aquella gran explosión alcanzaron las 36.470 personas. Como muestra que constata la fuerza de aquel tsunami, el “Berout”, un buque de guerra de bandera alemana, que estaba atracado en la costa, acabó en medio de la jungla, a cuatro kilómetros de la misma. Pero los efectos de la erupción también sorprendieron a habitantes de otros continentes, en la costa atlántica francesa, detectaron una perturbación en forma de ola que avanzaba a una velocidad de 200 metros por segundo y que mató a muchas personas.

Durante tres años la suspensión de sus cenizas en la atmósfera produjo extraordinarios fenómenos ópticos, observadores de todo el mundo describían los brillantes colores que podían verse durante el crepúsculo y el alba, ocasionados por la refracción de los rayos solares en las partículas en suspensión. También ayudó a los meteorólogos a comprender determinados fenómenos meteorológicos, como la circulación general atmosférica, al poder ver el desplazamiento de las partículas en suspensión, identificando por ejemplo la Corriente en chorro o Jetstream, uno de los mayores descubrimientos meteorológicos de la época.

La erupción volcánica del Krakatoa en el año 1883 representa la imagen más clásica y terrorífica de lo que el imaginario local pueda suponer sobre lo que debe ser un cataclismo volcánico sin control. Una gran explosión, el lanzamiento de magma, las nubes y el flujo piroclástico, el tsunami posterior y el fallecimiento de miles de personas, amén de la desaparición de toda una isla. Es el mayor horror que cualquier mente pueda imaginar cuando se enfrenta a las fuerzas descontroladas de la naturaleza.

SSP Estética Centro de Estética de las Tablas.

Publicado: 27 de Agosto de 2017