Un día como hoy, 23 de agosto de 1913, fue  instalada de forma permanente la estatua de La Sirenita en la ciudad de Copenhague, en el parque Langelinie, sobre unas rocas que se adentran en el mar, mirándolo melancólicamente sabiendo que nunca podrá regresar. A pesar de su mirada triste, cada día es visitada por miles de turistas.

La sirenita de Copenhague es el regalo del cervecero Carl Jacobsen, hijo del fundador de Carlsberg a la ciudad para homenajear a Hans Christian Andersen, uno de sus escritores más queridos, que se ganó el cariño de sus vecinos gracias a sus cuentos infantiles.

Su realización corrió a cargo del escultor danés Edvard Eriksen. Es una escultura de bronce de tan solo sólo 125 cm de alto y 175 kg, el artista se inspiró en la bailarina Ellen Prince protagonista del ballet de La Sirenita representado en 1909.

La escultura inspirada en el cuento del famoso autor danés (que luego Walt Disney inmortalizó en el cine) representa la mentalidad y el espíritu de los daneses: gentes con fama de ser melancólicas y solitarias. Y es la personificación de una triste historia, la de una bella mujer con cola de pez que sueña con tener piernas para poder estar con el hombre al que ama. Un príncipe al cual espera desde hace años petrificada sobre una roca con el corazón roto y la mirada perdida en el horizonte del mar Báltico.

Esta estatua ha sido dañada varias veces, ha sido decapitada en dos ocasiones, dañada en otro intento de decapitación y desmembrada. También la han arrojado pintura en varias ocasiones, la han soldado un juguete sexual y una bomba la ha hecho caer al agua.

Pese a su tamaño y su aparente fragilidad es el símbolo más prominente de la ciudad,  probablemente la mujer más fotografiada de Dinamarca y una inspiración para los visitantes por su historia de amor

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