Publicado: 25 de Septiembre de 2017

Las abejas producen mucho más que miel, también elaboran una sustancia llamada propóleo.

El propóleo, es una sustancia resinosa natural que se encuentra en las colmenas de abejas, las cuales la usan para sellar grietas o espacios abiertos.

Pero el propóleo hace mucho más que trabajo arquitectónico. También actúa como una barrera antiséptica protegiendo la colmena de la contaminación y de invasores externos como ratones, serpientes y lagartos y sus propiedades antimicrobianas protegen la colmena de bacterias y virus.

De hecho, el nombre de propóleo viene del griego que significa defensor de la ciudad.

Este pegamento de abeja es un poderoso bálsamo para la salud.

Ha demostrado que aumenta los efectos de otros antibióticos como la penicilina y también puede fortalecer el sistema inmunológico.

El propóleo contiene más de 300 compuestos activos que pueden ayudar a combatir el cáncer de distintas maneras, evitando el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos que alimentan las células cancerígenas, evitando la propagación o metástasis del cáncer de un órgano a otro y detiene la división celular del cáncer. Además, mitiga los efectos secundarios o toxicidad de los medicamentos de quimioterapia utilizados en el tratamiento del cáncer.

Por su carácter antibacteriano, antiviral, inmunoestimulante, antiinflamatorio, cicatrizante y ligeramente analgésico este producto natural nos ayuda a:

·         Combatir los estados gripales.

·         Prevenir las caries.

·         Regularizar tu tensión arterial.

·         Prevenir los parásitos.

·         Tratar quemaduras y heridas en la piel.

·         Mejorar tu sistema circulatorio

También nos ayuda a aumentar el colesterol bueno y es un alimento antioxidante,  recomendado su consumo junto a otros alimentos como frutas y verduras, los cuales junto a una adecuada actividad física, han probado ser hasta ahora, la forma más sana y eficiente de prevenir las enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento.

El propóleo ha sido utilizado en el antiguo Egipto y en Grecia donde se conocían sus propiedades antisépticas y cicatrizantes, incluso era utilizado en el embalsamiento de los faraones. Y más recientemente en el siglo XVIII fue utilizado por Stradivari en sus famosos violines para barnizar sus creaciones y evitar el deterioro de la madera.