Un día como hoy nacieron dos genios de la pintura, Francisco de Goya y Vincent Van Gogh.

Hoy dedicaremos nuestro artículo a la figura de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), considerado el más notable pintor de su época, es quizás el creador que con mayor precisión dio testimonio, a través de sus pinceles, de los sentimientos que van desde el espíritu optimista del reformismo ilustrado hasta el desengaño generado por el fracaso de las esperanzas puestas en el progreso pacífico de la humanidad.

En sus primeros trabajos Goya reveló sus dotes para desarrollar una pintura costumbrista y popular, marcado por los benéficos efectos de la buena coyuntura económica y por la ilusión que despiertan los avances del movimiento reformista, crea una serie de composiciones que reflejan un mundo donde predomina el juego y la vida alegre y desenvuelta. Entre las mejores composiciones de esta serie hay escenas tan logradas como El quitasol, El cacharrero, La gallina ciega, La cometa, El columpio o El pelele.

Entre 1792 y 1799 realiza su primera serie de grabados, Caprichos, donde despliega una solapada crítica de la España tradicional.

Su fama, que se acrecentará con la realización de las alegres escenas de romería que decoran la madrileña ermita de San Antonio de la Florida, le procuró su nombramiento como primer pintor de cámara (1799) época en la que crea la obra La familia de Carlos IV (1800)

Muy pronto, su estilo alegre de la primera época se hace más tenebroso, como resultado tanto de sus circunstancias personales (en particular, su progresiva sordera) como de la marcha negativa de los acontecimientos, el estallido de la Revolución Francesa que ha puesto en guardia a las clases dominantes españolas y ha frenado el proyecto reformista de la monarquía. Durante este periodo ofrece un testimonio excepcional del momento histórico acaecido en 1808, con dos grandes telas que pintará en 1814: El dos de mayo de 1808 o la carga de los mamelucos y Los fusilamientos del tres de mayo. Durante la ocupación francesa deberá contemporizar con los invasores e incluso realizar algunos retratos de sus generales.

Entre el periodo comprendido entre 1810 y 1814 realiza también una serie de grabados sobre los Desastres de la guerra (permanecería inédita), que refleja las penalidades de la España dividida.

Entre 1815-1816, realiza la serie de grabados de la Tauromaquia donde hace alusión al tremendismo de la cultura española.

En su posterior colección de los Disparates, plasma la vertiente pesimista, grotesca y visionaria de su última época, de la cual son paradigma las "pinturas negras" de la Quinta del Sordo. Goya tiene cada vez un carácter más huraño y extraño y no fueron pocos los que comenzaron a apuntar que el genio aragonés estaba poseído por el diablo, incluso hubo quien no dudó en acusarle de brujería y actos satánicos, fruto de esta situación, su trabajo derivó en un inquietante y perturbador desfile de horribles viejos, brujas y aquelarres: Saturno devorando a un hijo, Dos viejos comiendo, Visión fantástica (Asmodea), Riña a garrotazos, El aquelarre o el Gran Cabrón.

Al final la segunda restauración y la persecución de los liberales le empujaron a un voluntario exilio en Francia, donde moriría.

Sobre el mito que sostiene que La maja desnuda de Francisco de Goya representa a la mismísima duquesa de Alba. La leyenda afirma que la duquesa de Alba, mecenas de Goya, habría posado desnuda para el maestro.

Según los especialistas esto no encajaría, ya que la desconocida es una mujer que no guarda parecido físico con la duquesa, además de ser bastante más joven. Probablemente La maja desnuda (la vestida es posterior, hacia 1800-1805), que formaban parte de la magnífica colección de Manuel Godoy, en 1808 ambas se hallaban colgadas en un gabinete particular de su palacio, sean un retrato de Pepita Tudó, amante de Godoy, debido a su enorme parecido con dos retratos que se conservan de la misma.  

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